Fractura doble

De malversando.txt
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Presenté a Nadia en el taller y los ojos de todos cayeron como zopilotes sobre su cuerpo, aún a pesar de las muletas, aún a pesar del yeso. Alguien leyó un texto pero casi no lo criticaron, concentrados como estaban en la imaginaria labor de desnudarla. A mí la urgencia me venció y tuve que salir al baño. Cuando regresé ya revoloteaban en torno a ella mojando sus plumas ávidas en el tintero.

―No te agobies, nada más le vamos a firmar la férula.

Pero nunca falta el inspirado que se deja llevar por el lirismo. Ni el otro imbécil, el de la ocurrencia.

―Por qué no mejor le escribimos un cuento colectivo. Aquí, en esta parte hay espacio.

Nadia mira sus muletas con nostalgia, allá, arrinconadas. Ellos escriben y escriben sin parar, cada vez más arriba, más cerca del final del yeso.

La tarde ha caído. Han pedido pizzas. Han traído una bacinica. Han llamado a su madre para avisar que aquí se queda.

Ya está dormida, ya en el yeso no caben más metáforas. Entonces, el coordinador del taller se levanta y nos mira circunspecto, con voz ronca y un bat en la mano:

―Esto pinta pa novela. Le vamos a romper la otra.