Introducción a la literatura huiqui en 3.1416 alegatos

De malversando.txt
Saltar a: navegación, buscar

Descargar como: pdf

1

En el principio, el texto viajaba de boca en boca. Los relatos se memorizaban patrimonialmente, de abuelo a nieto, de contador a auditor, de tribu a tribu. No había entonces ni pergamino ni piedra ni libro: el texto estaba en la memoria y la memoria en el hombre: el texto era el hombre. Y de hombre a hombre, el texto, como el lenguaje, se volvió multitud. El autor no importaba. Recordar al autor de un texto debió haber sido entonces tan absurdo como recordar ahora el nombre de aquel vulgar latinohablante que por primera vez pronunció la palabra agua.

Con la escritura, el texto encontró un soporte fuera de la memoria de los hombres. Pronto nació el autor: esa persona cuyo nombre quedará para siempre asociado al texto. Autor, soporte, texto constituyen desde entonces una santísima trinidad inamovible: una trinidad editorial. El soporte sigue al texto como una sombra (el Quijote es el ejemplar del Quijote): el nombre del autor protege esa parcela privada del lenguaje de cualquier alteración. El tabú nace al centro de la trinidad editorial. El tabú dice: el lector no puede cambiar ni una coma de lo que esta leyendo: estas palabras no las tocas: va mi nombre de por medio.


1.5

Sin el salto tecnológico del pergamino al in-folio, la expansión del cristianismo en la antigua Roma hubiera sido irrealizable. Sin la invención de la imprenta, ni tratados científicos ni novelas de caballería. ¿Cuáles son las nuevas formas, los nuevos géneros que se están gestando en el vientre del texto electrónico y su circulación en red?


2

A mediados los años noventa, un programador gringo utilizó la palabra hawaiana wikiwiki (que significa rapidito) para bautizar un sitio Internet que intentaba agilizar la redacción colectiva de documentos técnicos. La principal característica de ese sitio era que los lectores podían enriquecer, corregir, alterar lo que leían. Esta función no representó ninguna revolución, hasta el día en que a otros gringos se les ocurrió la idea de democratizar de esta manera la redacción de una enciclopedia, alterando así los canales tradicionales de propagación del conocimiento. Para algunos, la Wikipedia es un escándalo epistemológico, una escuela donde los ignorantes de banda ancha podemos adquirir cultura instantánea. ¿Será cierto? Quizá es pronto para saberlo. Lo que sí es cierto es que el pedestal de autoridad del escritor (su pedestal de papel) se empieza a tambalear. Y no hablo del pedestal de Dostoievski (ese no es de papel, ese es de carne y hueso: son lectores), sino del que otorgan los premios literarios, las campañas de promoción, los monopolios mediáticos.

Los mismos mecanismos económicos que permitieron el advenimiento del Internet, han reducido a peau de chagrin (que mi abuela traducía por una nadininita) el antaño honorable pedestal de escritor: hoy reina el nombre sobre el texto, el número de ejemplares vendidos sobre la calidad literaria, la promoción en medios sobre la sustancia. Pareciera que en vez de comprar libros adquirimos latas de conserva: el libro es un contenedor más para el verdadero producto omnisciente, ese que se nos administra a toda hora por todos los medios: el espectáculo.


3

La intención de la literatura huiqui es, pues, la reescritura. Nada nuevo: Emma Bovary huiquifica a Eugénie Grandet, Leopold Bloom huiquifica a Ulises, Pierre Mesnard huiquifica a Cide Hamete Benegeli. Reescribimos la palabra wiki con hache y cú para manifestar esta intención de reescritura. Las otras intenciones no caben en una sola palabra. Por ejemplo, resucitar el mito barthesiano de la muerte del autor. O colectivizar el texto cual si de un artículo científico se tratara. O seguir el buen ejemplo de las artes plásticas e intervenir, deformar, malversar textos de bien. O contagiarle la gonorrea a la heroína del último Premio Planeta. O pensar el texto como un objeto eternamente inestable, de infinitas versiones, infinitamente traducible a otras o a su misma lengua. O eludir bajo la sábana de un manifiesto la tan adulta responsabilidad de asumir las palabras que uno escribe. O digerir a los clásicos por medio del vandalismo. O expropiar textos malos de autores con demasiado apego por sus regalías. O humildemente aceptar que la mejor lectura es la reescritura, así sea en copia fiel, porque representa una apropiación no sólo intelectual, sino corporal del texto. Busquemos, pues, el burro de Sancho en nuestra fantasía y colguémoslo en literaturawiki.org, optimicemos a Kafka, infiltremos a Ubú en los cuentos de Isabel Allende, hagamos una versión del Ulises para niños, invirtamos el sentido de los paréntesis de Proust: somos lectores: los textos son nuestros.


3.1416

Hubiera querido deslizarme subrepticiamente en este discurso que hoy debo dar. Más que tomar la palabra, hubiera querido aparecer envuelto en ella y en ella transportado lejos, más allá de todo comienzo posible. Hubiera querido darme cuenta de que, al momento de comenzar a hablar, una voz sin nombre me precedía desde hace tiempo: me hubiera bastado entonces con encadenar, con montarme y seguir la frase, con enquistarme en sus intersticios sin que nadie se diera cuenta, como si, al suspenderse por un instante, ella me estuviera haciendo una seña. Entonces no hubiera habido necesidad de comenzar, y en vez de ser ese de quien proviene el discurso, sería yo una casualidad cualquiera en su desarrollo, una tenue laguna o el punto final posible de su desaparición.

El_orden_del_discurso.foucault.harmodio.wiki